¡AY Maá!

¡Estoy apurada!

¿Cuántas veces repetí esta frase?

¡Cuántas veces la decía mientras hacía mil cosas a la vez!

¿Te preguntaste alguna vez, por qué te quieren los que te quieren?

¿Qué pensas que pasaría, si dejaras de hacer, todo que haces para los tuyos?

Permíteme que te cuente un pequeño tramo de mi vida.

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Si me hubiesen hecho estas mismas preguntas hace unos años atrás, hubiese respondido muy categóricamente:

-Imposible que deje de hacer lo que hago por los míos, porque yo los amo. No soy una mujer egoísta.

Mi mayor anhelo era ser una excelente madre, una excelente esposa, una excelente hija, una excelente profesional.

Me esforzaba en cumplir con todos y en estar al 100% para ellos. Por supuesto que esto implicaba que para mí no tuviese tiempo. Pero igualmente no me importaba.

Yo estoy bien haciendo lo que tengo que hacer por ellos. Decía 

Recuerdo que, me iba a trabajar con mucha angustia, porque dejaba a mis hijas con una niñera. - ¿Y si ellas me necesitasen y justo yo no estuviese? Esa preguntaba me atormentaba muchas veces.

Me apresuraba por llegar a mi casa.  Angustiada de pensar que mis hijas ya habían vuelto de la escuela y me estaban esperando.

- No tengo mucho tiempo para visitar a mamá. Pensaba 

Igualmente iba un ratito con mis hijas. ¡Era imposible mantener una charlar!!  mis nenas (como todos los chicos) buscaban de llamar la atención, pedían, cantaban, hablaban… -

Y era lógico, habían estado sin su mamá la mayor parte del día.

Mientras estaba con mi mamá, miraba la hora y otra vez salía corriendo ya era hora de preparar la cena, de ayudar con las tareas, de esperar que llegue mi marido de trabajar.

Hoy puedo entender lo que me pasaba, lo que sentía

Hoy puedo entender lo que me pasaba, lo que sentía. Pero no me juzgo, no me analizo, no le pongo nombre. Quizá mi historia te sirva para entenderte un poco más. Permitirme que te siga contando.

No podía disfrutar casi nada de lo que hacía, porque la culpa y el temor a que uno de los míos me necesite y yo no este para ayudarlos me mortificaba.

Un día ella me dijo:

-siempre estas apurada. Con un tono muy dulce, No era un reproche, era una realidad. La escuché y seguí con mis cosas, pero hoy les confieso que sentí cierta vergüenza.

Tuve que vivir muchas cosas, y aprender muchas lecciones antes de recordar esa frase: “Siempre estas apurada” …y un buen día entendí que lo que ella me quiso decir.

Deseaba para mi vida, que ya no este apurada, que pueda disfrutar cada cosa que hacia sin sentir culpa, sin sentir que le estaba fallando a alguien.

Hace algunos años, en el contrato que escribo cada comienzo de año, puse en una de las cláusulas:

  • Voy tranquila y sin prisa, para llegar a tiempo a todo lugar que elijo ir.
  • Soy cariñosa y compañera con mi mamá.
  • Disfruto y gozo sin apuros, de la compañía, las conversaciones y los juegos con mis hijas y mis nietos.
  • Aprendí la lección, ellas no me amaban por lo que les daba

    Lo descubrí cuando por mucho tiempo estuve tan mal, tan triste que no pude darles nada, y ellas aun me seguían amando. Ellas me amaban por lo que era, por la mujer que soy. Yo aprendí a amarme.

    Y hoy, mientras el tibio sol de abril ilumina el patio de mi infancia, me encuentro entre juegos, charlas y risas con mis nietos, mis hijas, mi mamá… veo en sus ojos alegría, satisfacción, paz y mi Alma se refleja en los suyos.

    Gracias Maa. Gracias mami…

    Marisa Ledezma.

    Autora de la masterclass: Inicio al Cambio

    Es una masterclass  pensando para acompañarte y alentarme a emprender un cambio en tu vida.

    Un cambio basado en TUS SUEÑOS.

    4 opiniones en “¡AY Maá!”

    M. Àngels Alsina

    Que preciosas palabras Marisa!! Gracias por darles forma a esos sentimientos y dar testimonio a esa sensación por la que todas hemos pasado inevitablemente, por habernos dejado engañar creyendo que la vida era eso. En estos momentos muchas cosas se han puesto en su lugar, mucha prioridades vuelven a ocupar su puesto. Es un buen momento para acabar de poner orden y sería muy inteligente no desaprovecharlo. Hoy, domingo 3 de mayo de 2020, día de la madre he podido abrazar a la mía (con precauciones), pero por fin sentir su cuerpo, su alma y su luz en ese abrazo después de más de 50 días en nuestro caso… Y hoy he vuelto a decretar, que no voy a malgastar ni un segundo sin disfrutarla a ella y a todo lo que alegra mi vida, que es mucho. Momentos de crecimiento, momentos de cambio. Gracias de nuevo por tus palabras.

    Jasone

    Me he sentido muy identificada en tus palabras. He crecido viendo a mi madre y a mi abuela renunciar y lo que deseaban en favor de su familia porque era lo que tocaba (eran madres…)
    Gracias por recordarnos que lo importante es lo que somos y no lo que hacemos.

    Matilde Romero

    Preciosa reflexión…que nos hace pensar en todas las veces que hemos ido a la carrera por la vida…quizás la experiencia de los años nos hace ver que a veces hay que pararse para poder vivir aquí y ahora…en el momento presente y disfrutar sin prisas y sin agobios lo que la vida nos ofrece en ese instante…pararse para vivir!!

    Soledad Álvarez López

    Preciosa reflexión Marisa!!
    Me has emocionado, a veces las prisas de la vida nos impiden estar en el presente, conscientes y plenas.
    Vivimos con miedo a no ser suficientes, vivimos en el después y nos perdemos el ahora.
    Gracias por traerme al aquí y ahora, por recordarme que hay que tener sosiego, no estar apurada cada día.
    Gracias💗

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